De mayo a agosto de 2026, organizaciones rusas de diversas industrias fueron objeto de una serie de ciberataques dirigidos por el grupo Feral Wolf. Los especialistas de Bi.Zone Threat Intelligence descubrieron que los atacantes utilizaron vulnerabilidades en sistemas corporativos, errores de configuración e infraestructura de contratistas para penetrar en las redes.
Uno de los principales métodos de ataque fue la explotación de vulnerabilidades en Atlassian Confluence, lo que permitía obtener acceso remoto a los sistemas. En algunos casos, los hackers utilizaron configuraciones incorrectas de soluciones basadas en 1C para ejecutar código malicioso y acceder a las bases de datos.
Después de la intrusión, Feral Wolf utilizó herramientas de gestión oculta y proxy de tráfico. Para enmascarar la actividad, se emplearon protocolos legítimos, así como mecanismos que dificultaban la detección y el análisis de las acciones de los atacantes.
La etapa final fue el lanzamiento del ransomware GenieLocker. Este cifraba datos críticos, lo que provocaba la interrupción efectiva del trabajo de las empresas afectadas.
Según Bi.Zone, en la primera mitad de 2026, el 11% de los ataques se dirigieron a la industria, el 8% al comercio minorista, el 5% a empresas de TI y el 3% al sector de la construcción. Los investigadores atribuyen la principal razón de la actividad del grupo a la motivación financiera.